El cerebro de las abejas sólo tiene una neurona por cada 100.000 del nuestro, pero los genes que tienen que ver con su funcionamiento poseen una flexibilidad similar, y ya han empezado a revelar pistas valiosas sobre la biología humana. Tanto el homo sapiens como la apis mellifera (abeja productora de miel) son seres sociales, viven en sociedades complejas y deben arreglárselas con problemas como la necesidad de comunicación, el envejecimiento, las malas conductas sociales o la rápida expansión de enfermedades infecciosas. Son los insectos más organizados del mundo animal y pertenecen al grupo de los himenópteros, junto a las avispas y hormigas. Su cuerpo está dividido en tres segmentos: cabeza, tórax y abdomen. Pasan a través de diferentes etapas de desarrollo en su vida: el huevo, la larva , la pupa y el adulto. Viven en grupos altamente organizados, constituyendo colonias formadas por varios miles de individuos, donde cada uno tiene una función determinada. Sus "casas" se conocen como colmenas o panales... ¿ya adivinaste?... ¡son las dulces y temidas abejas!.
Su cerebro sólo tiene una neurona por cada 100.000 del nuestro, pero los genes que tienen que ver con su funcionamiento poseen una flexibilidad similar, y ya han empezado a revelar pistas valiosas sobre la biología humana.
Son los insectos más organizados del mundo animal y pertenecen al grupo de los himenópteros, junto a las avispas y hormigas. Su cuerpo está dividido en tres segmentos: cabeza, tórax y abdomen. Pasan a través de diferentes etapas de desarrollo en su vida: el huevo, la larva , la pupa y el adulto. Viven en grupos altamente organizados, constituyendo colonias formadas por varios miles de individuos, donde cada uno tiene una función determinada. Sus "casas" se conocen como colmenas o panales... ¿ya adivinaste?... ¡son las dulces y temidas abejas!. Nosotros los seres humanos tenemos en común con ellas más de lo que te imaginas.... para ser más exactos, compartimos el 47,5% de los genes. Sucede que un equipo de científicos descifró el genoma de las abejas productoras de miel (Apis mellifera), luego de lo cual llegaron a la conclusión de que tanto el homo sapiens como la apis mellifera son seres sociales, viven en sociedades complejas, y deben arreglárselas con problemas como la necesidad de comunicación, el envejecimiento, las malas conductas sociales o la rápida expansión de enfermedades infecciosas. Esto demuestra, además, que quien se encuentra frente a problemas similares, encuentra estrategias de solución parecidas, aunque tengan diferencias fologenéticas como las que hay entre las abejas y los seres humanos. Y es en eso justamente donde reside el desciframiento del genoma de las abejas, el cual fue posible gracias a la identificación de nuevas pequeñas moléculas de ácido ribonucleico - las micro-ARN - que al parecer intervienen en su "diversificación social". Si se comparan las conclusiones de esta investigación con la información obtenida de los genomas de la mosca de la fruta o del mosquito de la malaria - los otros únicos dos insectos cuyos genomas han sido descifrados - las abejas revelan una evolución más lenta y presenta mayores similitudes en algunos de sus genes con los genomas de los vertebrados.
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En comparación con otros insectos, el genoma de la abeja productora de miel se desarrolló muy lentamente y contiene muchos genes para el sentido del olfato. La abeja dispone en su genoma de casi tres veces más receptores olfativos que la mosca de la fruta y el doble que el mosquito de la malaria, pero una séptima parte de los receptores gustativos, es decir, su gusto es mucho peor. Los investigadores creen que se debe a que necesita un buen sistema olfativo para detectar las señales químicas que controlan su comportamiento dentro y fuera de las colmenas y que son la base de su éxito. Además, utilizan su excelente sentido del olfato para la comunicación, la orientación y la búsqueda de alimentos. Según los datos genéticos conseguidos, las abejas de la miel aparecieron en África, antes de colonizar Europa y Asia durante dos migraciones. Luego, el hombre se ha encargado de exportarlas por todo el mundo. Las célebres abejas asesinas africanas, introducidas hace cincuenta años en Brasil antes de infectar México y el sur de Estados Unidos, constituyen una subespecie de comportamiento agresivo.
Aporte a la medicina
Los científicos son optimistas acerca de que la secuencia del genoma de la abeja tendrá una utilidad práctica en el futuro. Las abejas, por ejemplo, tienen una capacidad de aprendizaje admirable, lo que también se demuestra en su avanzada comunicación. De hecho, las abejas de la miel aprenden muy rápido y bien. Los procesos de aprendizaje y sus bases en el genoma y en el cerebro se pueden investigar en ellas de manera más rápida y sencilla que en los seres humanos o en los primates. Es más, debido a que los procesos bioquímicos básicos son iguales en todos estos organismos, en las investigaciones se pueden lograr importantes resultados que, por ejemplo, también se podrían utilizar para pacientes con Alzheimer. Los científicos esperan que el genoma de la abeja de la miel ayude a la medicina en la lucha contra parásitos, intoxicaciones y alergias, enfermedades mentales e infecciosas, así como en la investigación del envejecimiento. A esto se suma que el equipo de científicos, entre los que se encuentran dos investigadores del Instituto de Investigación Oncológica de Hospitalet (Barcelona), ha descubierto en esta abeja un mecanismo implicado en el cáncer, lo que puede convertir a la A. mellifera en un modelo para el estudio de esta enfermedad. Este mecanismo se conoce como la metilación del ADN y nunca hasta ahora se había visto en invertebrados. El genoma de Apis mellifera es el resultado de un esfuerzo conjunto de un centenar de laboratorios de dos continentes, coordinado y financiado en su mayor parte por uno de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (el NHGRI). El departamento de Agricultura del mismo país también ha puesto dinero, debido a que la función polinizadora de la abeja es esencial para la nutrición humana y el medio ambiente. El trabajo fue publicado en las revistas Nature, Science y Genome Research.
La más vieja
Por su parte, investigadores estadounidenses anunciaron la semana pasada el descubrimiento de la abeja más antigua que se conoce hasta hoy, perfectamente preservada en ámbar ¡por cien millones de años!. Este ejemplar representa un lazo importante en la evolución para explicar la propagación rápida de las plantas y flores durante este período, debido al papel de polinización que realizaron dichos insectos, subrayaron estos científicos de la Universidad estatal de Oregon, cuyos trabajos fueron publicados en la revista Science del 26 de octubre. Este ejemplar es al menos entre 35 y 45 millones de años más antiguo que todos los fósiles de abeja conocidos hasta ahora, y ha llevado a los entomólogos a crear una nueva familia de abeja bautizada como Melittosphecidae. Estos insectos tienen características fisiológicas comunes a la abeja y a la avispa, lo que confirma la teoría según la cual las abejas modernas, dependientes del polen de las plantas para su supervivencia, representan una evolución de sus antepasados, las avispas carnívora.